Nuestra Lucha por la Supervivencia - Capítulo 3
Capítulo 3: Una larga noche
ÚLTIMO MENSAJE DEL GOBIERNO
"Aquí… Gobierno del Perú… si alguien sigue escuchando…"
"La ciudad ha caído."
"No quedan fuerzas militares. No hay refuerzos. No hay evacuación."
"Lo que sea que haya comenzado… ya no puede detenerse."
"Si aún están ahí afuera, no corran. No griten. No llamen la atención. No hay ayuda en camino."
"Que Dios los cuide a todos."
...
El crepúsculo se extendía sobre la ciudad devastada como un manto de sombras. Andy, Carla y Scot avanzaban con cautela entre las calles desoladas, donde el viento agitaba escombros y hojas marchitas. La muerte impregnaba el aire, y los edificios en ruinas parecían espectros silenciosos de lo que una vez fue su hogar. El eco lejano de los infectados resonaba a la distancia, un recordatorio constante de que la seguridad era un lujo que ya no existía.
Scot lideraba el camino, su pistola firme en la mano, con la mirada siempre en movimiento.
—Debemos encontrar un refugio para la noche —dijo en voz baja, sin dejar de escanear los alrededores—. No podemos seguir corriendo sin un plan.
Andy siguió caminando sin responder. Aún llevaba en su mente el sonido de la última llamada de sus padres, la desesperación en sus voces antes de que la conexión se cortara. Sentía su alma vacía, como si fuera una sombra de sí mismo. Carla, notando su angustia, tomó su mano con suavidad.
—Andy… sé que esto es horrible —susurró ella—. Pero tenemos que seguir adelante.
Andy asintió lentamente, aunque su mirada seguía perdida. Scot los observó a ambos con una mezcla de comprensión y urgencia.
—Pronto será de noche —dijo en un tono más bajo—. Y estos malditos se vuelven más agresivos cuando cae el sol.
La necesidad de un refugio los llevó hasta una zona de edificios en ruinas. Finalmente, encontraron un almacén abandonado cuya estructura parecía lo suficientemente sólida para ofrecerles protección. La puerta metálica estaba parcialmente abierta, y el interior olía a polvo, humedad y algo rancio. Scot ingresó primero, con el arma en alto, revisando cada rincón. Estanterías caídas, cajas rotas, rastros de alguien que había estado ahí antes que ellos.
—Parece seguro —murmuró tras unos minutos—. Pero debemos bloquear la entrada.
Trabajaron en silencio, colocando una mesa y unas cajas pesadas contra la puerta. Una vez asegurado el lugar, Scot se apoyó contra la pared con un suspiro.
—Podemos descansar aquí un rato —dijo, cruzándose de brazos—. Pero alguien debe hacer guardia.
Carla se ofreció de inmediato, pero Scot negó con la cabeza.
—Yo lo haré. Ustedes necesitan recuperar energías.
Andy se dejó caer contra una caja de madera, sintiendo el peso del cansancio en cada fibra de su cuerpo. Carla se sentó a su lado, observándolo con preocupación.
—Lo que dijiste antes… sobre tu familia —susurró—. Si necesitas hablar, estoy aquí.
Andy soltó un suspiro tembloroso.
—No sé qué decir. No sé qué pensar. Todo se fue al diablo en un solo día… Y ahora estamos aquí, en medio de la nada, con muertos caminando por las calles. ¿Cómo se supone que siga adelante?
Carla no respondió de inmediato. Sus ojos reflejaban tristeza, pero también determinación.
—Porque seguimos vivos. Y mientras sigamos con vida, tenemos que encontrar algo por lo que valga la pena luchar.
Scot, que había estado escuchando en silencio, se acercó y se sentó frente a Andy.
—Chico, sé que lo que viviste es una pesadilla. Yo también perdí gente… en la guerra, en mi vida. Pero hay algo que aprendí: sobrevivimos un día a la vez. No puedes cargar con todo el peso de una sola vez. Paso a paso. Respiro a respiro.
Andy lo miró fijamente. Scot no era un hombre de palabras suaves, pero en sus ojos podía ver cicatrices invisibles, recuerdos de un pasado que lo había marcado tanto como a él.
Antes de que pudiera responder, un ruido los puso en alerta. Un crujido sordo en el exterior. Scot levantó la mano, indicándoles que guardaran silencio. Se acercó lentamente a la puerta y miró por una rendija.
—No estamos solos —susurró con voz tensa.
Andy y Carla contuvieron la respiración. Scot sacó su arma con un movimiento calculado y les hizo señas para que se prepararan.
—¿Son infectados? —murmuró Carla.
Scot negó con la cabeza.
—No… son personas.
En la penumbra de la noche, varias siluetas se movían con sigilo. No podían distinguir sus intenciones, pero en este nuevo mundo, no todos los sobrevivientes eran aliados.
Andy tragó saliva, sintiendo que el miedo le atenazaba el pecho. Aferró con fuerza el cuchillo que llevaba en la mano. No sabía si la gente allí afuera significaba ayuda… o una amenaza peor que los muertos.
Comentarios
Publicar un comentario