Nuestra Lucha por la Supervivencia - Capítulo 7
Capítulo 7: Punto de ruptura
Los infectados emergieron de las casas como una ola imparable de muerte y desesperación. Sus gruñidos guturales y el sonido de sus pies arrastrándose sobre el asfalto parecían ensordecer todo lo demás. Andy, Carla y Scot sabían que no tenían tiempo para dudar.
"¡Corran!" gritó Scot, levantando su arma y disparando al primer infectado que se acercaba demasiado.
Andy sujetó la mano del niño y tiró de él. Carla los siguió de cerca, su cuchillo listo en caso de que alguno se les acercara demasiado. El grupo corrió por la calle, zigzagueando entre escombros y autos abandonados. Detrás de ellos, la horda no dejaba de crecer.
"¡Hay que encontrar un refugio!" gritó Carla, su voz llena de urgencia.
Scot escaneó los alrededores. No había muchas opciones: la mayoría de las casas estaban en ruinas, saqueadas o infestadas de infectados. Pero entonces vio algo. A la izquierda, un edificio de oficinas de varios pisos, sus ventanas rotas reflejando la luz de la mañana.
"¡Allí!" señaló Scot, guiando al grupo hacia la entrada.
Llegaron jadeando y empujaron la puerta de vidrio astillado. El interior estaba oscuro y silencioso. Scot cerró la puerta de un golpe y empujó un archivador para bloquear la entrada.
"¿Cuánto tiempo crees que dure?" preguntó Andy, intentando recuperar el aliento.
"No lo suficiente", respondió Scot. "Tenemos que subir."
Avanzaron por el edificio con cautela. Las oficinas estaban revueltas, con papeles esparcidos por el suelo y muebles volcados. Parecía que alguien había estado allí antes, pero no había signos recientes de actividad. Aun así, el silencio era inquietante.
En el tercer piso, encontraron una sala de conferencias con una gran mesa de madera y sillas esparcidas por todos lados. Desde allí, podían ver la calle a través de las ventanas rotas. La horda seguía rondando abajo, gruñendo y chocando contra la entrada.
"Estaremos atrapados aquí", dijo Carla, cruzándose de brazos. "No podemos bajar con ellos allí afuera."
Andy miró al niño, que temblaba de miedo. Le puso una mano en el hombro. "Oye, ¿cómo te llamas?"
El niño tragó saliva antes de responder con voz temblorosa. "David."
"David, estás a salvo ahora", dijo Andy, intentando calmarlo. "¿Estabas solo?"
David negó con la cabeza. "M-mi hermana... estaba conmigo. Pero ellos la atraparon." Sus ojos se llenaron de lágrimas. "No pude hacer nada."
El peso de sus palabras cayó sobre el grupo como una losa. Carla apretó los puños y Scot bajó la mirada. Andy sintió un nudo en el estómago.
"Lo siento mucho, David", dijo en voz baja.
El niño asintió, limpiándose las lágrimas con la manga. Andy sintió una mezcla de rabia e impotencia. Este mundo estaba destruyéndolos a todos, quitándoles todo lo que amaban.
Entonces, un sonido interrumpió el momento. Un crujido en el pasillo.
Scot alzó su arma de inmediato. "No estamos solos."
El grupo se tensó. Andy sintió su corazón latir con fuerza. No podía ser un infectado, ellos no se movían con tanta precaución. Esto era otra cosa.
Una voz resonó desde la oscuridad. "Si yo fuera ustedes, bajaría el arma."
De la penumbra emergieron tres figuras. Un hombre alto con barba rala, una mujer con una escopeta y otro hombre más jóven con una navaja en la mano. Sus ropas estaban gastadas y sus miradas, afiladas por la supervivencia.
"¿Quiénes son ustedes?" preguntó Scot sin bajar el arma.
El hombre de la barba sonrió. "Los que decidimos si viven o mueren hoy."
Andy sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que este momento marcaría un antes y un después en su viaje.
El verdadero peligro no eran solo los infectados. Eran los humanos dispuestos a cualquier cosa por sobrevivir.
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