Nuestra Lucha por la Supervivencia - Capítulo 16


Capítulo 16: Isaac


El grupo avanzaba entre las sombras de la ciudad, el aire pesado con el olor a quemado y el eco distante de los zombis. La huida había sido tensa, y el miedo seguía pegado a la piel de los sobrevivientes. Tomas había estado con ellos desde que los ayudó a escapar del grupo de los caníbales, pero su presencia seguía siendo una constante incógnita. Aunque había demostrado ser útil, algo en él no terminaba de encajar con el grupo.

Finalmente, después de varias horas caminando, Tomás se detuvo en una calle desierta. Miró a su alrededor, observando con detenimiento cada rincón oscuro del paisaje, como si estuviera evaluando algo más allá de los edificios derruidos y los escombros que lo rodeaban.

Carla, que había estado caminando junto a él, se detuvo también.

— "¿Qué pasa, Tomas?" preguntó, con cierta preocupación. "¿Por qué te detienes?"

Tomas no la miró de inmediato. Su mirada estaba fija en el horizonte, como si estuviera luchando consigo mismo. Después de un largo silencio, suspiró profundamente y habló con voz grave.

— "Este es el final del camino para mí", dijo, casi en susurro, como si lo estuviera diciendo más para sí mismo que para el grupo.

Carla lo miró confundida, y los demás se acercaron al escuchar la conversación. Andy fue el primero en hablar, sin entender del todo.

— "¿Qué estás diciendo? ¿No vamos a seguir juntos hasta los edificios?"

Tomas giró lentamente hacia ellos, su expresión decidida pero cansada. Sabía que este momento tenía que llegar.

— "No voy con ustedes", dijo, su tono firme pero triste. "Sé lo que están buscando, y sé lo que quieren. Pero yo ya no puedo seguir este camino. No soy como ustedes. Me he acostumbrado a estar solo, y eso es todo lo que soy ahora. No puedo quedarme en este grupo, no después de lo que he vivido."

Scot, que había estado observando en silencio, dio un paso al frente, escudriñando el rostro de Tomas.

— "No lo entiendo. Nos has ayudado, has luchado por nosotros. ¿Por qué ahora decides dejarnos?"

Tomas apretó los labios y volvió a mirar al suelo, como si las palabras le costaran.

— "Porque ser parte de un grupo implica algo más que sobrevivir. Ustedes aún tienen algo por lo que luchar, algo que los mantiene unidos. Hay algo en cada uno de ustedes que les da fuerza. Pero yo… no tengo nada más. He perdido todo lo que alguna vez me dio razón para seguir, y no quiero ser una carga para ustedes. No quiero que me arrastren hacia un futuro que ya no me pertenece."

Un silencio pesado llenó el aire. Las palabras de Tomas se sentían como una sentencia, como si en su alma ya no quedara espacio para la esperanza que el grupo aún mantenía.

David, el niño, se acercó a Tomas, mirando al suelo, inseguro, sin saber cómo procesar lo que estaba pasando.

— "¿Por qué? ¿No nos podemos quedar juntos? Podríamos luchar…" comenzó, pero se detuvo al ver la tristeza en los ojos de Tomas.

Tomas se agachó frente a él, poniendo una mano en su hombro con suavidad.

— "David, no puedes entenderlo ahora, pero esto es lo mejor. Ustedes tienen un propósito, una razón para seguir adelante. Yo no. Ya no soy el mismo hombre que era antes del apocalipsis. Estoy roto, y necesito seguir mi propio camino, aunque eso signifique estar solo."

Eva, que había permanecido en silencio, intervino con una voz suave pero firme.

— "¿Estás seguro? ¿No hay nada que podamos hacer para que te quedes?"

Tomas se levantó y miró a cada uno de ellos por última vez. Su mirada fue la de un hombre cansado, pero resolutivo.

— "No hay nada. Lo siento. Esta es mi decisión. Espero que encuentren lo que buscan, pero yo ya no puedo ser parte de eso. He luchado mi guerra, ahora es momento de luchar la mía."

Con una última mirada a todos, Tomas dio media vuelta y comenzó a caminar, alejándose del grupo sin mirar atrás. El sonido de sus pasos se desvaneció rápidamente, perdiéndose en el silencio de la noche.

La luna aún brillaba en el cielo, arrojando una luz fría sobre el paisaje desolado. Luego de la despedida de Tomas, el grupo finalmente se detuvo en un edificio en ruinas, sus cuerpos agotados y sus mentes aún procesando lo sucedido. Nadie habló de inmediato; el aire estaba cargado de una tensión palpable, como si el silencio mismo intentara asimilar la violencia que habían presenciado. Solo se escuchaban los jadeos profundos de los supervivientes, el crujir de los escombros a su alrededor y los ecos lejanos de la ciudad destrozada, que ahora se había convertido en un mausoleo de los vivos y los muertos.

Andy, con el rostro ensangrentado y los ojos enrojecidos por la falta de sueño, se sentó en el suelo con dificultad. Sus manos temblaban al inspeccionar las heridas: un corte profundo en el brazo que apenas comenzaba a cicatrizar, un par de moretones que cubrirían su piel por días. El dolor era lo de menos comparado con la imagen que aún rondaba su mente, grabada en su retina con la claridad de una pesadilla viviente. Los cuerpos mutilados, los rostros desfigurados por el hambre y la desesperación... La barbarie de los caníbales había dejado una huella imborrable en ellos. No era solo la violencia lo que los aterraba; era la indiferencia con la que esos monstruos trataban la vida humana, como si las personas fueran simples objetos desechables en un mundo que ya no tenía reglas.

Scot, quien había recibido un golpe directo en el rostro durante la huida, se sentó con dificultad contra una pared. Limpiaba la sangre de su boca, los labios partidos, pero el dolor físico era nada en comparación con lo que sentía en su pecho. Había algo peor que las heridas visibles: el miedo. El miedo a ser una de esas víctimas, el miedo a lo que podrían haber hecho si no hubieran logrado escapar.

Carla, con el rostro pálido y las manos temblorosas, miraba a Eva. Ambas sabían lo que acababan de atravesar, lo que acababan de sobrevivir. La imagen de las víctimas caníbales, despojadas de todo vestigio de humanidad, les persistía en la mente. Cada uno de los cuerpos mutilados, cada trozo de carne que habían dejado atrás, parecía burlarse de la fragilidad de su existencia. Habían estado a punto de ser parte de esa horrenda cadena de supervivencia, donde los muertos ya no eran enterrados, sino devorados.

David, el pequeño, estaba en los brazos de Carla, respirando con dificultad. No hablaba, no lloraba, solo miraba al vacío con una expresión vacía, como si su mente hubiera quedado atrapada en el horror. Eva le pasó un brazo por los hombros a Carla, intentando reconfortarla, pero ninguno de los dos encontraba palabras para aliviar la carga que llevaban.

"Tenemos que movernos antes del amanecer," susurró Andy con voz ronca. "No sabemos si Mark y los suyos nos siguen."

Scot asintió con un gesto tenso y ayudó a Andy a ponerse de pie. Eva y Carla también se prepararon. David, aún en los brazos de Carla, se aferró a ella con fuerza. Salieron del refugio improvisado y avanzaron con cautela por la ciudad en ruinas.

Después de horas de caminar en la penumbra, con sus cuerpos al límite, divisaron luces en la distancia. No era un incendio ni el resplandor de disparos, sino una serie de faros eléctricos. Una comunidad. Refugio. Posiblemente, esperanza.

Scot fue el primero en detenerse, levantando una mano para indicar precaución. "No sabemos si son hostiles."

Andy frunció el ceño. "Pero tampoco podemos seguir vagando sin rumbo. Necesitamos descanso. Necesitamos comida."

Se acercaron con cautela. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, notaron que la comunidad era patrullada por varios hombres armados. Un hombre alto, de mirada penetrante y cabello oscuro peinado hacia atrás, salió a recibirlos. Vestía ropa militar, pero no como Scot. Su postura denotaba confianza, pero su expresión era difícil de leer.

"Bienvenidos," dijo con voz firme pero amigable. "Mi nombre es Isaac. Aquí, los supervivientes tienen un propósito. Si vienen en paz, tienen un lugar con nosotros."

Andy y Scot intercambiaron miradas. El cansancio los traicionaba, y la oferta de Isaac sonaba tentadoramente genuina. Carla miró a David, quien aún se aferraba a ella. Necesitaban seguridad, aunque fuera temporal.

"Aceptamos," respondió Andy con cautela.

Isaac sonrió. "Entonces, pasen. Espero que encuentren lo que buscan."

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