Nuestra Lucha por la Supervivencia - Capítulo 14
Capítulo 14: La prueba del hambre
Andy sintió cómo lo arrastraban por un pasillo angosto. Sus botas raspaban el suelo de concreto, y el eco de sus respiraciones agitadas llenaba el silencio. Sus muñecas estaban enrojecidas por las bridas, y su cabeza aún daba vueltas por el golpe.
Sabía que si no salían pronto de allí, estaban muertos.
Los llevaron hasta una habitación mal iluminada. Había una mesa de metal en el centro, con herramientas oxidadas y cuchillos ensangrentados. El hedor a carne podrida flotaba en el aire. Andy tragó saliva.
Eran carniceros.
Mark se cruzó de brazos y sonrió. "Bienvenidos al matadero."
Carla tembló. Scot escupió al suelo. Eva solo lo miraba con un odio intenso. David, demasiado asustado, se pegó contra la pared.
"No todos mueren el primer día," continuó Mark, dando vueltas alrededor de ellos como un depredador. "Algunos duran más. Depende de qué tan útiles sean."
El hombre con la cicatriz en la ceja, el que había golpeado a Andy, se acercó y puso una mano sobre el hombro de Carla. "Esta tiene fuego en los ojos. Me gusta."
Carla lo miró con asco y escupió en su rostro.
El hombre rió, limpiándose con la manga. "Me encantan las peleonas."
Andy forcejeó en sus ataduras. "¡Si la tocas, te juro que—!"
El puño de Mark se estrelló contra su estómago, cortándole la respiración. Andy cayó de rodillas, jadeando.
Mark suspiró. "Odio los discursos vacíos. Aquí no hay héroes. Solo depredadores y presas."
Carla tenía lágrimas en los ojos. "¿Por qué hacen esto?"
Mark la miró con curiosidad. "Porque es lo único que queda. No hay reglas, no hay justicia. Solo sobrevivimos como podemos. Y en este mundo, los débiles son alimento para los fuertes."
Scot escupió sangre y lo miró desafiante. "Ustedes no son fuertes. Son parásitos."
Mark se agachó frente a él y sonrió. "Tal vez. Pero estamos vivos."
Uno de los hombres de Mark trajo un balde metálico y lo puso sobre la mesa. Lo volteó, y de su interior cayó un brazo humano cercenado.
David gritó. Carla se tapó la boca, temblando. Andy sintió cómo la náusea subía por su garganta.
Mark se rió entre dientes. "¿Saben qué es lo curioso? Después de un tiempo, el hambre hace que todo sepa igual."
Andy cerró los ojos por un momento. Tenían que salir de ahí.
Los que vinieron antes
Los separaron en celdas improvisadas dentro del mismo edificio. Pequeñas jaulas de hierro, como las que se usaban para perros. Andy, Eva y Scot estaban juntos en una; Carla y David en otra, al otro lado del pasillo.
La noche era fría. La oscuridad se extendía a su alrededor como una sombra de desesperación. De vez en cuando, escuchaban gritos lejanos… O quizás solo imaginaban lo peor.
"¿Cuántos crees que han pasado por aquí antes que nosotros?" murmuró Carla.
"Demasiados," respondió Scot. "Pero no seremos como ellos. Vamos a salir."
Eva, que había estado callada hasta ahora, habló en voz baja: "He visto cómo trabajan estos tipos. No se apresuran. Nos debilitarán primero. Nos dejarán con hambre. Quieren que la desesperación nos rompa."
Andy la miró. "Entonces no podemos dejar que lo hagan."
Scot asintió. "Tenemos que encontrar una forma de escapar."
Pero antes de que pudieran seguir hablando, un ruido los hizo callar. Pasos pesados se acercaban. La silueta de un hombre apareció frente a las jaulas. No era Mark.
Era un prisionero.
El hombre tenía el rostro cubierto de cicatrices y ojeras profundas. Su ropa estaba sucia y desgarrada. Se agachó frente a la jaula de Andy y los observó en silencio.
"No durarán mucho si no tienen un plan," murmuró.
Andy lo miró con desconfianza. "¿Quién eres?"
El hombre soltó una risa amarga. "Alguien que lleva más tiempo aquí del que quisiera. Me llamo Tomas."
Eva se acercó a los barrotes. "¿Cuánto tiempo has estado aquí?"
Tomas bajó la mirada. "Demasiado. He visto llegar y morir a muchos. Algunos intentaron escapar. Otros… terminaron formando parte de ellos."
Andy sintió un escalofrío. "¿Por qué nos ayudas?"
Tomas apoyó la cabeza contra la jaula. "Porque vi lo mismo en los ojos de otros antes de que los quebraran. No quiero ver cómo pasa otra vez."
Scot lo estudió. "¿Tienes una salida?"
Tomas sonrió con tristeza. "Hay una… pero solo hay una oportunidad. Y si fallamos, nos matarán al instante."
El Plan
Tomas les explicó en susurros. Había una puerta trasera que los cazadores rara vez usaban, vigilada solo por dos hombres. Si lograban distraerlos, podrían salir antes del amanecer, cuando la guardia estuviera más relajada.
Pero había un problema.
Para llegar a esa salida, tenían que pasar por el almacén… donde guardaban los restos de las víctimas anteriores.
Carla tragó saliva. "No tenemos opción, ¿verdad?"
Andy negó con la cabeza. "No. Y tenemos que hacerlo juntos."
Scot se enderezó. "Entonces vamos a sacarnos de aquí. Y vamos a hacer que esos bastardos paguen."
Eva cerró los ojos por un momento. "Sí. Pero primero, sobrevivamos."
La adrenalina comenzó a correr por las venas de Andy. No iba a morir ahí. No permitiría que su grupo muriera.
Apretó los puños. Mañana, escaparían o morirían intentándolo.
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